¡No vas a comparar!
Como si del juego de las diferencias se tratase, mostramos a los lectores de EXITO lo que (no) tienen en común el ya discontinuado fanzine Canopus y la revista mORGUE, cuyo segundo número acaba de publicarse. Primera coincidencia: el editor general es el mismo. Fanzine de arquitectura gay vs. Revista de modas para chicos
Por Paul mORGUE e Ignacio D’Amore
Nota: la tipografía en azul corresponde al fanzine Canopus; la roja, a la revista Morgue.
1. Formato: revista vs. fanzine
Canopus estaba destinado a no triunfar como fanzine, o a volverse definitivamente de culto: un zine; DIY[1]; un poco a mano, un poco en computadora; de corta tirada (mínima, casi nula en los últimos números, exceptuando el #9, enteramente dedicado a la moda) y distribución selectiva. “Distribución teledirigida”, declararía su editor en jefe en varias oportunidades: entregado en mano, siguiendo una precisa lista que era actualizada para cada número en función de la temática tratada. Esta distribución lograda con precisión de cirujano se completaba con la opción de poder conseguir un ejemplar del fanzine en un par de lugares por un peso o menos. “Dejar Canopus en el circuito de la disqueras del centro funcionaba como fachada; era la coartada que permitía seguir adelante con la estrategia de distribución… No teníamos mucho margen de error… Ya era suficiente con que el fanzine fuese de arquitectura, por eso debíamos ser muy atentos con las reglas. Los fanzines siempre están al alcance de los chicos. Logrado esto, estábamos en condiciones de trasformarlo, a su vez, en la publicación más teledirigida de toda
Morgue es selectiva, y profundamente exclusiva. Es una revista de modas para chicos: ni el DIY ni el B&N de “bajada láser trucha” (que le da ese aspecto inquietantemente demodé: duplicación de un apunte de facultad privada) la salvan del purgatorio de los fanzines. Ni siquiera que Juanito “JTC” Morgue escriba una prolija sección de música en cada nueva entrega le asegura llegar al “paraíso de los fanzines” en limousina.
Pero es justamente su franqueza, torpeza, y exageración fashionista la que trabaja a favor. Y le asegura un respeto acallado de burlas, por ser el primer fanzine de moda para chicos, y por no presentar ningún tipo de doblez y doble discurso; Paul Morgue, su editor en jefe, declara: “nada peor visto entre los puristas del fanzine que el cinismo intelectual venido a menos”.
“…respecto de esto, con Canopus estábamos más comprometidos, era un verdadero bardo. Como propuesta original era demasiado snob: fanzine de arquitectura; encima el primero… Debíamos acatar estrictamente las reglas fanzineras, no había margen para el error. Resultado de esto era la prolija ante-editorial en la página siguiente a la portada, donde se podía percibir cuanta culpa mal distribuida y cuanta disculpa bien acumulada se encontrara en la editorial al momento de cerrar cada número”. Pablo Canopus, sobre Canopus.
Aunque Pablo Canopus intente una provocación post mortem, blanqueando la falsedad de la propuesta participativa de su fanzine (que alentaba a su publico a fotocopiar y regalarlo en caso de no poder prestarlo, a trocar fanzines en caso de no poder pagarlo, o simplemente pedirlo de regalo a cambio de publicitarlo), no logra justificar de manera más sofisticada una voluntad un poco naif, pero no por eso menos apropiada. El hecho de presentarse como grupo conforme a una comunidad independiente y fetichista, logró consolidar el horizonte editorial que, muy a pesar de sí mismo, sentaría precedentes tácticos para su Némesis: Paul Morgue y su flamante proyecto editorial, que no por ser más fresco resultó (resulta) menos estúpido.
“Éramos como el ejercito judío, o como lo que el ejercito judío presume de ser: precisión de cirujano con los bombardeos…; una tirada de 85 ejemplares = 85 personas estratégicamente seleccionadas… una de cada grupo que nos importara. Uno contagiaría al otro. O, mejor aún, elegíamos darle el ejemplar a la persona que seguramente presumiría la información frente a alguien a quien realmente le interesaba el contenido del zine… histeria editorial que le llaman” Paul Morgue, sobre sus épocas de estratega de distribución en Canopus.
Ese espíritu de exhaustiva selección de los lectores existe también en mORGUE, cuyo editor, además de firmar uno a uno cada ejemplar, detalla en la tapa a quién va dirigido también de puño y letra. Según Paul Morgue, “es un gesto que, en realidad, tiene como fin último hacer de cada ejemplar de la revista una pieza de lo más coleccionable”.
Canopus tenía dos caras: táctico y amigable.
Morgue, una sola, y presenta un formato infotocopiable.
(A5 = se fotocopia en A4) fotito
(A4 = se fotocopia en A3) fotito
Canopus presentaba al menos un 45 por ciento de su compaginación y armado hecho a mano. “Una manera de reservar el estilismo old school”, aclara Paul Morgue. “Una manera de lavar las culpas con la tradición fanzinera”, se permite corregir Pablo Canopus.
La cabecera que dice “mORGUE”, en la portada de Morgue septiembre, es lo único hecho a mano alzada en toda la diagramación del flamante issue.
2. Concepto editorial y contenidos. Publicación monográfica vs. Publicación temática
Aunque las opiniones actuales de Pablo Canopus giren sólo en torno a vampirizar el destino de Canopus, y la coherente “correción política” en los dichos de Paul Morgue tienda a acentuar esta imagen provocativa y rebelde del desaparecido team, todo confluye en un solo punto: Canopus fue un grupo prolijo en la manipulación de los contenidos, y desinteresado en la labor editorial inmediata. Los contenidos apuntaban a consolidarse en un documento a futuro. No importaba cuán rápido ni cuán desprolijos fueran los números, todos formaban parte de una larga y pesada cadena que se perdía en el horizonte del explorador de Windows de la computadora de su editor. Es así que hasta el día de hoy se conservan prolijamente archivadas las carpetas con el nombre de cada número subsiguiente, hasta el CANOPUS #24 inclusive.
“Nunca importó el grupo, la formación editorial actual de cada momento… nunca importó quiénes o cuántos discutiéramos, ni las ideas que teníamos en la cabeza en ese momento… teníamos un trabajo que hacer, había un schedule que cumplir. Lo que importaba era el/los número/s que deberían editarse”. Es por eso que a esta altura de la partitura es muy difícil hacer oído sordo a los rumores que sostienen que no existía nadie mas a parte de P.C. en al conformación de tan prescindible grupo, mas aún de tan poco feliz declaración.
60% arquitectura + 40% moda = Canopus. Un fanzine de arquitectura con una estructura verticalista en lo editorial y monográfica en el contenido. Y un grupo prácticamente disuelto en al sospecha de una autocracia total.
“En mORGUE heredamos básicamente la estructura que reinaba en Canopus (yo formé parte del grupo desde el principio, Francisco colaboró como fotógrafo y estilista en una ocasión… y Juanito fue uno de nuestros lectores asiduos). Intentamos respetar la prolijidad en la perfecta combinación de cada disciplina con la otra. Si bien en Canopus los colaboradores se turnaban para hablar (“hoy le toca a arquitectura, mañana, a moda”), y en mORGUE se presentan al mismo tiempo música, moda y arquitectura mezcladas… la estructura es básicamente la misma”
Paul Morgue no tiene ni idea de lo que habla. En mORGUE importa el grupo editorial, y es de ahí de donde surge el “Current Issue”. En Canopus, el editor en jefe estaba subordinado a una cadena de eventos, de números, de temáticas que debían sucederse en orden exacto. mORGUE está libre de toda presión, pero elige parecerse a Canopus. Una sutil diferencia, pero fundamental. Quizás por eso él conserve el nombre todavía, pero no el apellido.
Quizás por eso todos conserven su nombre (en inglés) y cambien su apellido: Francisco, el fotógrafo, auto-rebautizado Frank Morgue; Juanito, el editor de música, hoy John Morgue; José Javier “J. J.” Morgue, editor de moda; las colaborantes Sofía y Sofía, ambas Sofi Morgue. Y Paul Morgue, claro.
70% moda + 30% música = mORGUE. Con un punto de vista muy claro, pero no tan abiertamente polémico como el de su predecesora, mORGUE diluye toda sospecha de Canopuscracia, en la prolija y recurrente enumeración de su estelar staff, que es seguida por una editorial sellada con una firma de puño y letra del editor, sirviendo de antesala en cada número y augurando un buen paseo por la “nueva-idea-ocurrencia-de hoy”.
Autocracia total. Monográfica y coleccionable.
Con un promedio de tres artículos en cada número, 13 entregas del fanzine de arquitectura conformaron un enfoco que fresco sobre la arquitectura y la moda rioplatense. Tan ambiciosa meta (consciente o inconsciente), implico un detallado orden en los temas a desarrollar y un equilibrado transito por los diferentes campos a andar y desandar.
Canopus #1, siempre conviene empezar por lo más complicado y original: la arquitectura, la ordinaria. Objetivo comercial: Enarbolar un edificio como máximo fetiche, la estación de servicio. Contrapunto de culto: inventar-robar una categoría arquitectónica copada, “espacio público semi-privado.
Canopsu #2, dejar en claro al versatilidad de la publicación ya en el segundo numero. Crítica de moda especializada, cachondeo pasolinezco, ropa genérica vs. Alta costura popular.
Canopus #2 bis. Inquietante estrategia editorial: Complejidad en la frecuencia con varios lados Bs.
Canopus #3, más arquitectura ordinaria.
Canopsu #4. En exclusiva para la fiesta aniversario e Éxito (el día de cromagnon), el festivo numero 4 dedicado a la moda y el video clip.
Canopus#5. Vuelta a la arquitectura con mas fuerza que nunca. El impactante 5, con su 5b y c. tres por uno. “Arquitectura gay”, un manifiesto histórico…
“nueva-idea-gran ocurrencia-de hoy”.
Entrevistas, editoriales, artículos, catálogos, porfolio fotográfico, estilismo, todo perfectamente articulado a manera ilustrativa de “la gran idea del mes”.
El gran “morgue’s veredict” en el inaugural número de mayo 2006, con una caprichosa y fabulosa selección de los personajes y sucesos mas destacados del periodo 2000-05: “Lo Mejor y lo peor de los ‘00s”.
“Dagger chic vs. Roller Chic” para septiembre. Y aquí vamos nuevamente! Entrevista a un grupo de la escena hardocre skater porteña, accesorios “for a nigth at the dish”(4) en un tremendo “must have”(estrenando editor sakter), producción fotográfica en un imperdible figurín retomando el clásica enfrentamiento entre los chicos que patinan en roller y los que prefieren las patinetas, adelantando el estreno de la película trandfomer… rollerblade-boys vs. skaterboys = tranformers vs. desepticons
Morgue es a Canopus, lo que
Los fanzinerotequistas expertos sostienen que CANOPUS es cualquier cosa menos un grupo. El contenido sexual en sus páginas así lo demuestra.
Como grupo y como proyecto Morgue es un ejercicio estético. Provocativo, pero estética al fin. El vestigio de soft-porn sofisticado que en ella aparece, orientado al kistch-del-kistch-del-re-kistch, no es más que una de tantas estetizaciones.
Detrás de Canopus había como mínimo un pajero.
Detrás de mORGUE hay un grupo que discute la precisa gradación de piel de sus páginas.
3. Referentes y tipos de nota. à txt + img
(mORGUE)
Ofrece variedad de notas, con énfasis en las entrevistas a personajes pertenecientes a disciplinas como moda, artes y edición periodística.
(ejemplo de chico en cueros con la tira de asado)
50% revista VOGUE (moda) + 50% fanzine sinhuesos = mORGUE
(Canopus)
Mayormente auto-referencial.
(ejemplo de chico del mes en contratapa)
10% Playgirl (soft porn) + 90% contenido editorial.
4. Frecuencia, números editados e inéditos. à txt
“La diferencia fundamental se puede resumir en estos términos: En realidad no me interesa competir por la primera posición, creo que en la revista Morgue estamos experimentando una época increíblemente apasionante… con pocos artículos sobre sexo (risas)(2). Básicamente estamos interesados en poder manejar la repercusión de cada número, y de algún modo poder disfrutar del acontecimiento. Canopus salía cada un mes prácticamente. Era un ritmo demasiado vertiginosos...; era en papel, costaba hacerla, salía en menos de 30 das; un descontrol”.
Cada número de la revista verdaderamente parece tomarse su buen tiempo en ver la luz. Un número cada cinco meses: Mayo y Septiembre de 2006. Próximo: diciembre 2006. eso garantiza un doble formato y un volumen grafico bastante mayor que el que proponía el fanzine, inclusive en sus versiones de figurín de moda
(2) Frank Morgue (fotografo de Morgue), parafrasea a Linda Hunt en su papel de Regina Krumm (editora en jefe de la revista ELLE) en la versión doblada al castellano de la película de Robert Altman, Pret a porter (1994).
“Son escasos los fanzines que superan la docena de números. Canopus llego, entre agosto
En realidad 9 oficiales, y trece en total, contando las licencias en el orden en que se sucedían los ejemplares: el dos con su bonus track CANOPUS #2 BIS; el 5 con su triada, a, b ,c; considerados como los exclusivos lados “B” de la revistita.
6. Lector ideal y lector real. Target. Estrategias de distribución y promoción. ¿Cómo se las conoce entre los lectores? à txt (img?)
Había dos tipos de público. Por un lado, el que imaginábamos que “debía leer CANOPUS”, al que debíamos llegar con todo nuestro esfuerzo táctico de distribución: el público ideal, el refinado target que teníamos delimitado; y por otro lado, el público real. La diferencia es valida no des un punto de vista histérico, de disconformidad con lector del producto. Es una diferenciación para promover la idea de construcción que estaba presente todo el tiempo en Canopus, y que es arto evidente también en morgue.
Inicialmente Canopus funcionaba como un ideal de publicación ara chicos arquitectos que preferían la compañía de arquitectos sobre la de arquitectas. Muy refinada, muy sofisticada, pero muy zarpada también. Nos gustaba la idea de presentar una opción de publicación de arquitectura muy selecta, selecta inclusive para le medio arquitectónica. La realidad nos demostró que funcionaba bien ente arquietc@s en general, y bastante mejor en el mundo del arte.
Pablo Morgue nos sugiere lo interesante que sería analizar, en paralelo a la inconcordancia entre ambos tipos de público, las distintas maneras en que se hizo conocida la publicación en los diferentes círculos donde transitaba. Por ejemplo, ciertos editores, de comprometidos fanzines dedicados a la militancia GLBT (no se bien como es la sigla, habría que averiguar), llegaron a referirse al grado de aporte a la causa (“su causa”, que nuca estuvo en el horizonte de la editorial de Pablo Canopus) en términos diplomáticamente despectivos: “Canopus - Fanzine de Arquitectura, tan políticamente activo como Canapé - Fanzine de Repostería”. Mientras que la en
En este punto es evidente que Morgue es más simple y la tiene mas clara. De acuerdo con su planteo editorial, la revista apunta a que los chicos acostumbrados a leer fanzines íntegramente dedicados al plano musical o literario, puedan permitirse leer periódicamente un fanzine de modas. La realidad demuestra ciertas bifurcaciones al igual que sucedía con su antecesor.
Morgue es consumida, a la fuerza, por chicos de costumbres fanzineras, devorada por aficionados a la moda, y disecada por los antiguos lectores de Canopus. “Es una presión lógica que debemos aprender a manejar. La gente relaciona mucho ambos productos… aunque el grupo sea completamente diferente, el hecho de que el editor en jefe haya participado en formación inicial de Canopus, provoca demasiada expectativa entre los arquitectos”, agrega la arquitecta Sofia P., colaboradora part-time de la revista.
7. Amigos y enemigos. Musas y musos. Fanatismos (por Meisel, Young Justice, etc.) à img (txt?)
“Existían varios enemigos destacados. Algunos que funcionaban como una especie de anti-público con el que no teníamos intensiones de tener ningún tipo de relación, y otros, como blanco para nuestros dardos teóricos. En este segundo grupo figuraban los arquitectos y diseñadores en general. La mala palabra para Canopus creo que definitivamente era el concepto del todopoderoso “diseño”, por sobre muchas otras”.
“Sin duda nuestros enemigos son los Fashionistas, y los periodistas de moda principalmente. La moda esta de moda. Y eso ha provocado que los especialistas de moda se tomen en serio, quizás demasiado, su labor. Las publicaciones de hoy día, las mas vanguardistas claro, pecan de sofisticadas. Se olvidan que lo mejor que puede ser una publicación de moda, es ser superficial como la moda misma. Apuntar a un público vanguardista, si es que eso existe, puede ser algo interesante. Pero pretender ser una revista de vanguardia, eso es una payasada”.
Como buenas revistas de moda y arquitectura/moda respectivamente, tanto Morgue como Canopus en su momento han definido y elegido su “muse”: alguien que representase el estilo de vida que ambas publicaciones esponsorearían de manera casi obscena.
En canopus este personaje era algo mas parecido a un concepto. En algún momento se parecía a Philip Jonson, centrado en el perfil del arquitecto aristócrata todopoderoso, critico y curador de arquitectos, capas de manejar la escena arquitectónica mundial a su capricho. En otro a alguien mas joven que esa momia.
Para morgue esa dedición se ve reflejada en una minuciosa búsqueda del perfecto coverboy. Aunque no necesariamente tenga que aparecer en todas las portadas, Huesos, el famoso baterista-bajista-skater y (no casualmente) estudiante de arquitecto protagonista de la tapa del segundo número, hoy por hoy refleja a la perfección todo lo que en morgue se imprime. Suponemos que muy a pesar de él mismo. “Es el modelo perfecto para Morgue”, concluye entusiasmado el director creativo de la revista, “todo de lo cual somos fanáticos está condensado en el; al editor de modas le recuerda a Impulso de Young Justice. Tiene ese perfil estilo 50’s y puede parase en esa pose a lo Irving Penn, y verse absolutamente “couture”; hardcore couture”. Tan perfecto parece ser para las paginas de morgue, que no solo no han dudado en adoptarlo para emular el porfolio fotográfico de Steven Meisel para

